miércoles, 26 de noviembre de 2014

Con el pueblo no se juega


¿Cuántas veces a lo largo de la historia se ha hecho oír a la nación lo que ésta quería escuchar?
¿Cuántas veces tiene que ocurrir para que aprendamos que no es oro todo lo que reluce?

La exposición de las medias verdades para convencer a la gente con un ojo en las elecciones no es de nuestro siglo. No podemos permitirlo más. Sean partidos de izquierdas, centro o derechistas, ninguno debe aprovecharse de los ciudadanos que solo buscan un refugio donde ver la crisis con tranquilidad y más tarde, una vez contentos, buscar culpables. Ellos son los que dinamizan el Estado, de ellos proviene el poder político, y la burda manipulación lleva a la corrupción de la nación, de todos nosotros. Y no, no es precisamente la que en estos tiempos está tan de moda desgraciadamente.

Esta corrupción es el cáncer de la democracia. Consiste en llevar a los ciudadanos por la dirección contraria a la que están siguiendo los de arriba para gobernar. Si sigue avanzando, se convierte en un callejón sin salida. Es lo que todos llamamos mentiras. Y nos hace débiles.

Es por ello que todos nosotros debemos tener conciencia de lo que debemos creer o no. No podemos ser un rebaño de ovejas en el que un hombre o grupo de hombres puede robarnos a su antojo. Hay que rechazarles, dejarles reflexionar hasta que tengan un discurso que sea de verdad fiable y creíble. Y es que la personalidad "nacional" ha sido la que ha cambiado los tiempos. Los ciudadanos decidieron acabar con el sistema feudal, los ciudadanos franceses decidieron apostar por un sistema político democrático en el que su rey no tenía cabida, los rusos se rebelaron contra el hambre que sufrían en la dejadez real, o el mismo barrio de Gamonal cuando el Ayuntamiento de Burgos insistía en construir un nuevo bulevar con un dinero que escaseaba.

Elijamos nuestro futuro.





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